Son una versión santiaguera del "Diablo Cojuelo", el cual según antiguas tradiciones era un diablillo travieso que se divertía levantando los techos de las casas para observar la vida intima de las personas, cuando no se creían observados.
El nombre de diablo, dentro de esa sociedad romántica y tradicionista ya desaparecida, tenia una connotación llena de mitos y tabúes por ello seria muy socorrido que se suavizaran las demoníacas facciones animalizándolas y de paso cambiar el nombre de diablo a lechón.
Documentalmente, la costumbre santiaguera de los lechones y de la Tarasca sólo es centenaria, aunque basta observar las curiosas coincidencias que hemos apuntado en la primera parte de esta exposición para llegar a la convicción de que estas tradiciones se pierden en la noche de los tiempos y que debieron llegar, como tantas costumbres hispánicas, primero a nuestras tierras, para después, desde aquí, recorrer todos los caminos
.

TrajesEl traje de los lechones en un inicio era totalmente liso con el rabo de tela enredado a la cadera y pierna adornados con simples tiras de papel de vejiga en muchos y variados colores como único adorno. O sea que los espejos, cascabeles, morcillas y demás etc. son de muy reciente añadidura dentro de la dinámica evolución del carnaval. En cuanto a las caretas a parte de su tradicional confección de papel a principios de siglo muchas veces se llego a poner verdaderos cuernos de vaca en sus caretas.

Joyeros y Pepines
En cuanto a los lechones no podemos dejar de citar la eterna rivalidad entre los lechones Joyeros y Pepineros reflejo atávico de la antigua rivalidad existente entre un Santiago dividido en dos Santiago Pueblo Arriba y Santiago Pueblo Abajo con la calle San Luis fungiendo como frontera, poseyendo cada cual su propio parque, iglesia etc. magnificándose esta rivalidad en los aguateros que repartían el agua en burros cuando no existía acueducto (inaugurado 1915), los cuales tenían sus propios distritos de distribución y tomaderos de agua en el Yaque con carácter inviolable so pena de grandes guerras campales, tras existir acueducto y estos desaparecer se polarizo esas rencillas en el carnaval entre los dos mas populosos barrios de pueblo arriba y pueblo abajo, La Joya y los Pepines.